Liderazgo Personal

4 PASOS PARA QUE DEJES DE QUEJARTE

Hay muchos motivos para refunfuñar. Pero quejarse y rezongar sin cesar puede producir mucha insatisfacción y hastío, e incluso la sensación de que todo es un “desastre”, asegura la experta en coaching profesional Christine Lewicki. Lee sus consejos y ¡deja de quejarte!

Nos quejamos del clima, del trabajo, del tráfico, del metro atestado y de las playas abarrotadas…Admitámoslo, nos cuesta manifestar satisfacción y ver la vida en positivo. La francesa Christine Lewicki, afincada en Los Ángeles y directora de la sociedad O’coaching, apuesta por el desafío: dejar de rezongar. “Una noche, al acostarme, me pregunté si había tenido un buen día. A pesar de que no había sucedido nada dramático el balance no fue positivo. Tuve la sensación de que todo era un desastre”, admite. Inspirándose en varios abordajes conductuales y de psicología positiva, desarrolló un método basado en los 21 días necesarios para “desintoxicarse” o, en este caso, modificar un hábito.

¿Qué esconden nuestras quejas?

Se anuncia una huelga de transporte o perturbaciones aéreas por culpa de un volcán y empezamos a refunfuñar con el vecino o con nuestro colega de trabajo. “Quejarse crea vínculo”, dice Lewicki. En efecto, esta manera singular de comunicarse nos une a los demás. Quejarnos al “unísono” significa que todos estamos en el “mismo barco”. En lugar de reflexionar o debatir, nos alimentamos de este sentimiento de pertenencia que nos otorga el quejido y del que tanto dependemos.

Rezongar también nos permite culpabilizar a los otros. Si el informe llega con retraso es la culpa de X, que se ha ido a las seis de la tarde tan campante. Se trata de una manera de descargar nuestro “estrés” en los demás, algo muy frecuente es una sociedad que se caracteriza por el desafío y en la que pedimos y exigimos demasiado. Cuando no hemos sabido establecer límites es cuando refunfuñamos y expiamos culpas en nuestro entorno.

En lugar de quejarte, pide ayuda

Exceso de trabajo, una amiga algo invasora de tu intimidad… Cuando tengas un problema concreto, en lugar de echar pestes, pide ayuda: “Detrás de nuestras quejas a menudo se perfila el sentimiento de que todo recae sobre nosotros”, precisa Lewicki. Su consejo: “Identifica tu necesidad y exprésala sin quejas”. Establece turnos con tu pareja para lavar los platos, aprende a delegar en la oficina o, simplemente, a decir “no”. ¿La clave? “Hacerse más flexible en cuanto a la manera de satisfacer las propias necesidades”, recomienda esta experta “antiquejas”.

Evita la exageración

“Siempre lo mismo”, “nunca podré resolverlo”, “es insoportable”… La exageración suele ser compañera de la queja, lo que contribuye a aumentar considerablemente lo negativo de la situación.

¿El consejo de la experta? “Repara en todos los momentos en que te quejas. Después, intenta describir cada situación tal y como es y tomar consciencia de ella. Abrirás así la posibilidad de un cambio”.

¡Cambiar es posible! El nuevo objetivo: dejar de quejarse durante al menos 21 días y acostarse por la noche con la sensación de haber tenido un buen día.

El método, en cuatro fases

Fase 1: la decisión

La intención: júntate con gente que quiera dejar de quejarse.

En la práctica: ponte una pulsera que te recuerde tu compromiso con este desafío. Debes abordar esta primera fase con entusiasmo.

Fase 2: la toma de consciencia

La intención: repara en cada queja y rectifícala

En la práctica: cada vez que refunfuñes, cámbiate la pulsera de mano. Esto debería ayudarte a tomar consciencia de tus quejas; sabrás cuán a menudo las expresas. Ésta es una fase de desilusión, en la que uno se da cuenta de que el desafío no será fácil. Entre los llantos del bebé, las exigencias del jefe y el estrés de la mudanza, ¡sentirás la tentación de posponer el reto! Ánimo.

Fase 3: el compromiso renovado

La intención: mantener la promesa

En la práctica: te has contenido cientos de veces antes de proferir una queja. Has conseguido gestionar tus necesidades sin necesidad de echar pestes, es decir, has aprendido a relativizar. Comienza la cuenta atrás. A partir de ahora, la clave está en persistir para eliminar el mal hábito y crear un cambio profundo.

Fase 4: la cosecha

La intención: celebrar el cambio

En la práctica: hace 21 días que “controlas” la situación. Quejarte ha dejado de formar parte de tu naturaleza. Esta última etapa consiste en entablar nuevas conversaciones en torno a las cosas positivas que jalonan tu vida: las clases de danza a las que te has apuntado, el sol que brilla cada mañana, la compañía de tu madre, etc.

Fuente http://bienestar.doctissimo.es

C. Maillard

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