Motivación

ACÉPTATE O ARRÉGLATE

En medio de una sociedad donde se promueve el culto a la belleza y a las formas perfectas, no es difícil encontrase con aquellas personas que viven frustradas con su imagen personal, todo el tiempo se quejan porque son gordas o son flacas por que les falta un diente o tienen uno de mas, se quejan de su sonrisa, de sus piernas muy flacas de sus brazos huesudos, de las puntas de su cabello, y bueno la lista es interminable.

Algunas personas, y hay que decirlo, en especial del sexo femenino presentan una rara dualidad, un desfile de pensamientos que oscila entre el lamento constante por su condición y una extraña resignación, y es ahí donde se hace más grave el problema, cuando la persona ha decidido no esforzarse por generar ningún cambio y se dedica solo a lamentarse de su condición dejando en claro que no le gusta estar así, pero genera una serie de argumentos para validar su condición ante los demás y este sistema argumentativo la mayoría de las veces busca responsabilizar a diversas circunstancias o a otras personas de su condición con excusas como: “es que no puedo hacer ejercicio para bajar de peso porque mi esposo y los niños exigen mucha atención”, es que mi cabello está feo por estos cambios de clima” “ Es que soy feo por herencia”, entre una innumerable lista de excusas.

Recuerda a alguna persona a la que le hayas escuchado quejarse de su condición física y piensa, cuanto tiempo lleva con su queja, te darás cuenta que es bastante y lo peor es que en todo ese tiempo esta persona no ha hecho nada por cambiar, solo quejarse ya que al hacerlo no se siente tan culpable. La pregunta sería ¿Por qué no haces nada por corregir ese problema, si tanto te afecta? Y la respuesta que no nos van a dar pero que es la realidad es: porque quejarse no exige mucho esfuerzo pero actuar para salir de la condición sí.

Algunas personas logran dar unos pasos en torno al cambio cuando algo las motiva pero es solo momentáneo y no duradero, tal es el caso de aquella mujer con fatales malos hábitos alimenticios, tanto, que ya se encuentra en estado de “coma”, si, coma, coma, y coma y lo único que hace es quejarse de su gordura, cuando se mira al espejo dice con tono de tragedia “Hayyyyy, que gorda estoy, ya cuando voy donde el médico no me dice saque la lengua y diga aaaa, sino, diga muuuu”. Pero un día la invitan a una celebracion, será la fiesta del año; Así que va y se compra un vestido, con dos tallas menos, ella sabe que en su estado actual no entra en ese vestido, pero se pone en régimen de adelgazamiento y logra usar el vestido el día del evento aunque esto implica que todo el tiempo tenga que respirar por pequeñas dosis porque de lo contrario seguramente su abdomen arruinara el vestido, esta mujer logra bajar en algo su peso para ese día pero lo que no ha podido controlar son sus impulsos y malos hábitos alimenticios y bueno, ya con el pasar de las horas es inevitable no probar tantas delicias que se reparten en la fiesta, hasta que por allá a la media noche, cual cenicienta sufre su transformación o mejor el regreso a su verdad, su debilidad le ha jugado una mala pasada y aquel botón que impedía que su obesa realidad se manifestara, sale eyectado como un misil directo al plato de la persona que tiene en frente.

A estas personas les sería mejor aceptar la condición que tienen y dejar de quejarse, algunas ya lo están haciendo y participan en clubes y asociaciones, por ejemplo de gorditas y hasta venden productos para su belleza conservando su talla, eso me parece fabuloso.

Pero si eres de esas personas que no les gusta su condición física y les cuesta aceptarse con ella, entonces no te quejes y busca la solución,  seguramente existe algo que hacer para conseguir el estado físico que deseas, lo primero es trabajar en tu manera de pensar en relación a tu situación, y segundo hazte responsable de la misma ya que el buscar culpables solo te mantiene en el mismo estado, ya sabes ¡acéptate o arréglate¡

 Derechos reservados a nombre de Wilman Cuellar®, prohibida su reproducción total o parcial.

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