Inteligencia emocional

AFANARSE POR POCO O ESPERAR POR MUCHO

Un grupo de niños de cuatro años participó en un experimento de la Universidad de Stanford. Los psicólogos introdujeron a cada uno de los niños a un cuarto, lo sentaron frente a una mesa con un bombón e hicieron la siguiente oferta; Puedes comer este bombón ahora, si quieres, pero si no lo comes hasta que vuelva de hacer un trámite, podrás comer dos bombones a mi regreso”.

Catorce años más tarde, al graduarse de la escuela secundaria, los niños que se habían comido el bombón inmediatamente, fueron comparados con aquellos que habían esperado para obtener dos. Los impacientes eran mucho más proclives a perder el control en situaciones de estrés, tendían a irritarse y pelear más a menudo y eran menos capaces de resistir las tentaciones que los desviaban de sus objetivos.

Pero, como comenta Daniel Goleman, considerado el gurú de la inteligencia emocional, “lo más interesante para los investigadores fue que los niños que habían esperado sin comerse de inmediato el bombón, en el examen estandarizado de ingreso a la universidad, tenían calificaciones muy superiores a los que no se habían podido contener (una puntuación 13% más alta) .

Goleman relata que cuando los niños de Stanford empezaron a trabajar, sus diferencias se hicieron aún más pronunciadas. Los que habían controlado su tentación, seguían teniendo mayor capacidad intelectual, atención y concentración. Además, eran más diestros para desarrollar relaciones íntimas y genuinas, eran más confiables, responsables y mostraban mayor autodominio en situaciones de frustración.

En contraste, los que se habían comido el bombón enseguida, eran mucho menos capaces emocionalmente que sus compañeros más pacientes. Usualmente eran más solitarios, menos confiables, más distraídos, e incapaces de posponer alguna gratificación en aras de un objetivo de largo plazo. En situaciones de estrés tenían poca tolerancia y auto-control.

Respondían a la presión en forma inflexible, utilizando una y otra vez las mismas respuestas explosivas, que no les daban ningún resultado.

Para condicionar la acción de corto plazo a los intereses de largo plazo, es fundamental sentarse en el “asiento del conductor” de la propia vida. Cuando uno Observa sus emociones en forma desapegada, puede utilizar su voluntad consciente para elegir qué hará y qué se abstendrá de hacer. Esto le permite controlar (sin reprimir) los impulsos contraproducentes y auto-motivarse para perseguir fines que le resulten importantes.

En resumen, el problema no es que uno tenga ganas de quedarse en la cama en lugar de ir a trabajar; el problema es que las ganas de quedarse en la cama lo controlen a uno de tal manera que lo lleven a destruir su carrera. Del mismo modo, el problema no es que uno tenga miedo de hacer el ridículo durante la presentación; el problema es que el miedo lo tenga a uno y lo inmovilice. Si uno se adueña de su miedo, puede usarlo para motivarse y ensayar cuidadosamente lo que dirá, practicar con ayuda de compañeros y prepararse emocionalmente para mantener la calma.

Fredy Kofman

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