Relaciones Interpersonales

CÓMO TENER UNA PERSONALIDAD MAGNÉTICA: 8 TIPS PARA LOGRARLO

Todos conocemos el efecto que puede tener una personalidad magnética en la manera como te tratan los demás; con sólo hacer acto de presencia prácticamente llamas la atención de todos, y no se trata de tu vestimenta (aunque sea un punto importante) ni de tu belleza física (La cual no es necesario tomarla en cuenta).

Aquí te doy 10 tips para construir una personalidad magnética que llame la atención de todos:

#1. Respira profundo y… mantén una actitud positiva

No se trata de las oportunidades que tienes, ni de los obstáculos que se te presentan; el cristal con el que observas el mundo lo determinas solo tú, y si tienes una actitud de nube gris al contemplar todo lo que te ocurre, pues eso mismo reflejarás en tu postura, actitud e incluso en las palabras que escoges al hablar. ¿Crees que los demás no se darán cuenta de ello?

No importa lo que ocurra, recuerda que debes tener la disciplina para mantener la calma y pensar que lo que no te mata, te hace más fuerte (y será una buena historia que contar).

¿Qué lograrás con lamentarte?

#2. Mantén un tono de voz amistoso en cualquier situación

La manera más fácil de entender esta recomendación es recordar la última vez que tuviste una conversación con una persona con la que sientes real afinidad. No importa el tipo de relación, lo que importa es cómo te sientes cuando le hablas, y si experimentas una sintonía perfecta de pensamientos.

¿Recuerdas tu manera de expresarte en ese momento? ¿Recuerdas que pensaste que podrías hablar durante horas? pues háblale así al resto del mundo. Verás que todos empiezan a sentirse agradados con tu presencia; aunque seas tímido, ¡Inténtalo poco a poco! cada una de estas recomendaciones activa un “músculo” de tu personalidad que sólo se fortalecerá al entrenarlo.

#3. Presta especial atención cuando te hablan

La mayoría de nosotros vivimos tan rápido, pendientes de nuestro teléfono o de qué vamos a responder cuando la otra persona cierre la boca, que no dedicamos ni un diez por ciento de nuestra atención. No sólo perdemos la oportunidad de conocer a los demás, sino que se nos escapan detalles pequeños pero cruciales para preguntar en un posterior encuentro.

Un truco sencillo es estar muy pendiente de lo que realmente le interesa a tu interlocutor (subirá un poco la voz cuando se exprese). ¡Pregúntale sobre eso la próxima vez que hablen!

#4. Reconoce tus emociones y aprovéchalas

¿Acostumbras tener arranques de mal humor? si bien controlarlos no es nada fácil, dedícate a identificar los “disparadores” que te hacen salir de tus casillas. Quizá seas más bien melancólico, e incluso una buena noticia la expreses de manera derrotista.

El adagio dice “Controla tus emociones o ellas te controlarán a ti“, y no es casualidad que sea relacionado con las artes marciales; los arquetipos más atrayentes en ese medio no precisamente son los que combaten mejor, sino los que tienen mayor autocontrol.

#5. Mantén tu mente abierta y piensa dos veces antes de juzgar

Todos los días, la libertad individual se ve amenazada por la doble moral; la hipocresía está a la orden del día y todos nosotros, en algún momento, podemos juzgar a otra persona sin darnos cuenta de que podríamos estar proyectando nuestros propios defectos en ella.

En líneas generales, si no puedes decir nada bueno de alguien… entonces no digas nada. Los derechos son iguales para todos, ¿Verdad? Ahora, si tu experiencia te permite corregir un error de la otra persona, entonces es tu deber acotárselo.

¿Cuál es la parte difícil de este punto? reconocer cuándo tu comentario será beneficioso para la otra persona. Pregúntate, ¿Estás a punto de corregirla porque va en contra de tu punto de vista, o porque quieres que aprenda algo nuevo?

#6. Recuerda que no todos tus pensamientos son valiosos

Con frecuencia pensamos que nuestras opiniones son más valiosas que las de los demás (después de todo, son nuestras, y eso ya de por sí es importante para nosotros). Quizá no sea así para el resto del mundo, y es probable que no sea de nuestro agrado que los demás no reaccionen a nuestras manifestaciones verbales como lo esperábamos.

Quizá quieres tener la última palabra siempre; quizá sientes que mostrar ignorancia o duda sobre un tema te hará parecer débil; pero nadie quiere estar con una persona que siempre tiene una respuesta a todo. De hecho las personas así son realmente fastidiosas, y la sorpresa es una emoción totalmente desterrada de su semblante. ¿A quién le gustaría frecuentar a alguien así?

Aprende a evaluar y sopesar tus respuestas: ¿Estás sonando como un sabelotodo? ¿Tienes siempre una opinión “mejor” que la de los demás? pues fijo que los vas a ahuyentar.

#7. No pierdas el tiempo

Dejar de procrastinar no es nada fácil, pero desarrollar buenos hábitos de trabajo y aprovechar tu jornada va más allá de la productividad. No sólo serás capaz de hacer más en menos tiempo (lo que ya de por sí te dará un aura sobrehumana), sino que la tranquilidad de tener tus tareas bajo control la transmitirás a través de los poros.

Si dejas correr el tiempo y acumular los pendientes, nunca podrás concentrarte en el momento presente; siempre estarás pensando en lo que tienes que hacer para mañana, y te verás disperso y distante… por no decir desinteresado.

#8. Reconoce los logros de otros, tan genuinamente como puedas

Desde siempre me he considerado extremadamente competitivo; eso me ha ayudado a progresar mucho pero también ha cristalizado dos grandes obstáculos: en ocasiones me es difícil desacoplarme de la competencia y simplemente trabajar por el placer de hacerlo, sin tener que medir mis logros con los de los demás; y por otro lado, el espíritu competitivo ha sido un cristal durísimo de romper que coarta el acercamiento humano.

Todo con medida y equilibrio, ¿Verdad? sobre todo al momento de reconocer los logros de otros: hazlo siempre que puedas, y eso sí, con la intensidad que merezca el esfuerzo que estás reconociendo en la otra persona.

Por Jesús Enrique Rosas

Fuente: http://lenguajecorporal.org

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