Liderazgo Personal

¿DOLOR O ALEGRÍA?

Hace unos días fue encontrado abandonado un recién nacido, que aún tenía el cordón umbilical, esto aconteció en el pesebre que cada navidad coloca la parroquia del barrio de Queens, en Nueva York. Las cámaras de vigilancia registraron el momento en que la madre deja a la criatura en el simbólico aposento del niño Jesús. Noticias como estas son cada vez más frecuentes: madres que por razones que para ellas son justificables abandonan a bebes recién nacidos, aunque para la sociedad esto sea muy condenable, aun en nuestros tiempos.

Una de las expresiones de la sociedad ante una situación como esta es la de preguntarse “¿en que está pensando una madre para hacer eso?”. En lo particular me surge un interés por analizar el caso desde otra perspectiva, reflexionando en que aunque la madre sintiera dolor por abandonar a su bebé, era mayor el dolor que seguía padeciendo por lo acontecido durante su embarazo y parto y la angustia de pensar en lo que sería su vida tratando de mantener a su hijo.

Parafraseando una cita bíblica que más o menos dice que la madre cuando da a luz siente una alegría que le hace olvidar el dolor del parto y en relación con este caso, encuentro que esta madre y otras que hacen lo mismo decidieron por el contrario quedarse sufriendo el dolor del embarazo y parto más que alegrarse y disfrutar de todo lo que significa traer al mundo a un nuevo ser. Algunos señalarán a estas madres por su comportamiento, pero si analizamos más de cerca los sentimientos que terminan en estos actos, seguro no encontramos diferencia con lo que sucede en los corazones de multitud de personas en la actualidad. La decisión de quedarse analizando y padeciendo lo que consideran como “malo” en los acontecimientos de sus vidas y negándose a disfrutar de las cosas buenas que se desprenden hasta de las situaciones más difíciles, es así que constantemente se quejan del “doloroso parto” y quitan de sus recuerdos las alegrías que se desprendieron de sus experiencias dolorosas, en algunos casos nunca vivieron tales alegrías ya que sus sentidos no las percibieron porque su mente estaba mas ocupada llorando y quejándose por lo que les había sucedido.

Estamos iniciando un año que ha sido augurado como un año terrible y ya hay cantidad de declaraciones negativas que pronostican que se avecina lo peor, manifestaciones que se difunden como virus a través de las redes sociales, algunos incautos ya se han convencido de esas expresiones negativas y asumen que les va a ir mal. Esto lo sustentan usando como referencia lo “malo” que según algunos fue el año que terminó y ya profetizaron para sí mismos un fracaso inevitable en este nuevo año; Son personas que siguen padeciendo los “dolores de parto” del año que finalizó y no aprenden de las experiencias vividas, así no hayan sido las más agradables, no son capaces de ver con optimismo un nuevo año que pone frente a nosotros grandes oportunidades, que se presenta como una ocasión de demostrarnos que somos capaces de lograr más y mejores resultados.

Y no es cuestión de ignorar lo que está sucediendo, haciendo alarde de un desmesurado optimismo sino de prepararnos positivamente para afrontar maravillosas experiencias durante los doce meses que vienen; Es aprovechar los momentos de crisis para sensibilizarnos y corregir los errores que hemos cometido, pensando en no volver a vivir las circunstancias adversas que están bajo nuestro control, es hacer uso con excelencia de todo nuestro potencial para crear un futuro no perfecto, pero si mucho mejor.

Así que solo está en ti, el seguir con el “dolor de parto” o alegrarte por el nacimiento de un nuevo año lleno de esperanza.

JWC.

Leave a Comment