Motivación

EL TOQUE DE SADIM

En la mitología griega se relata la historia del Rey Midas, el primer gobernante de Frigia, una localidad del Asia Menor caracterizada por su riqueza derivada  del comercio, el solo nombre de este rey nos lleva a relacionarlo con la idea de riqueza, ambición y codicia, se dice que el relato surgió a partir de la envidia que provocaba la prosperidad de los frigios entre los griegos jonios.

Básicamente la historia cuenta como el rey Midas, lleno de riquezas y con ansias de tener cada día más, le pide al dios Dionisio (Baco) que le permita el don de convertir todo lo que tocara en oro y así fue, Midas con su toque prodigioso convertía en oro todo aquello que encontraba a su paso y lo mismo sucedió hasta con su hija Zoe y terminó siendo desdichado con aquello que pensó que le haría feliz.

Pero no es a este toque al que me quiero referir, sino a uno parecido y muy común en los tiempos modernos, es a lo que he denominado “el toque de sadim” (midas al revés), un efecto que causa mucho daño, al punto que es el causante de cantidad de vidas frustradas en la actualidad.

¿A qué me refiero con “El toque de Sadim”?, se trata de aquella propiedad que tienen algunas personas de dañar todo aquello con lo que entran en contacto: las personas con que se relacionan, los sitios que frecuentan, los objetos que usan y en general todo aquello que “tocan” y cuando digo dañar no es que físicamente lo hagan, pero el daño que causan es mucho más profundo, ya que intervienen negativamente en la esencia de las personas, los lugares, objetos y en general todo aquello con lo que entran en contacto, dañando con sus palabras el buen nombre y la reputación de otros.

Son aquellas personas con el poder de influenciar tan negativamente a los demás (especialmente a personas con problemas de baja autoestima) con sus comentarios y críticas que pueden sumirlos en estados profundos de depresión, también pueden convencer a otros de su negativismo y desesperanza contagiándolos y convirtiéndolos en otros “Sadimes”, de igual manera tienen el poder de cambiar la imagen positiva de una persona ante otras ya que poseen un poder de convencimiento admirable, que hace que sus mentiras pasen como verdades e incluso logran mostrarse en tales situaciones como los salvadores con expresiones como “Yo te lo digo por tu bien” “escúchame yo sé porque te lo digo” “si no me cree aténgase a las consecuencias.”

A estas personas todo les parece malo pero no se quedan ahí con su sentir, sino que difunden su veneno acerca de todo aquello con lo que entran en contacto, si van a un restaurante siempre será mala la comida, si asisten a un curso cualquier aspecto negativo lo amplían para descalificar todo, si los invitan a una fiesta siempre saldrán hablando mal.

Los que poseen “El toque de Sadim” terminan siendo aislados por aquellos que tienen el suficiente criterio para saber que son especímenes dañinos, sin embargo algunos les siguen especialmente los dependientes emocionales, es por eso que podemos afirmar que para que haya un Sadim tiene que haber por lo menos una persona que este presta a escucharlo.

Finalmente y regresando a la historia de Midas, hay que decir que este rey cuando vio que el oro no le daba felicidad más aun después de haber convertido en el frio metal hasta lo que más amaba, le pidió a Dionisio que le quitara ese don, pero el dios puso una condición y era que Midas perdería toda su riqueza, el rey estuvo de acuerdo para poder recuperar todo lo que había perdido, también debía lavarse las manos en la fuente del río Pactulo, y así lo hizo para deshacer el hechizo.

Para aquellos que poseen “el toque Sadim”, también se hace necesario “perder” algo que quieren, deben morir a sus apasionamientos con ciertos temas y personas y al deseo de poseer el control sobre los demás, como también la errada convicción de que lo que dicen ayuda a otros, los Sadim mas allá de requerir un lavado de manos, necesitan un lavado de cerebro, revisar y renovar sus pensamientos acerca de todo lo que está fuera de ellos.

Autor: Wilman Cuellar, prohibida su reproducción total o parcial.

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