Relaciones Interpersonales

ESTAR SOLO Y SOLEDAD

Estas son situaciones muy diferentes. Estar solo significa disfrutar del hecho de estar con uno mismo, tener tiempo para respirar y tener total conciencia de nuestra vida. La soledad es un bloqueo en la capacidad de estar con otra persona.

Es necesario aprender a estar solos para crear una relación saludable. Eso significa saber apreciar nuestra propia compañía, no tener miedo de mirarnos hacia adentro, entrar en contacto con la naturaleza, caminar por el jardín, sentir los pies aplastando la arena de la playa a medida que caminamos.

A pesar de ser una necesidad tan saludable, el deseo de tener un tiempo para uno mismo es motivo de muchas peleas entre las parejas.

Pocas personas saben explicarle al compañero lo que esto significa. Igualmente, también son pocos los que aceptan que la otra persona quiera hacer algo sin su compañía.

El resultado es que, en la mayoría de las relaciones, pelear es el único medio de lograr estar solos. Por eso, cuando una pareja pelea, cada uno aprovecha para tomar un poco de aire hasta que pueden reencontrarse.

Indudablemente, sería mucho más interesante si, en vez de pelear, la pareja asignara un tiempo para que cada uno estuviera solo y cuidara de sus propias necesidades. Sin peleas, sin tensión y con respeto mutuo. Cuando las personas respiran un aire diferente, se preparan para disfrutar más intensamente de la presencia del otro.

La soledad es diferente: es la incapacidad de vivir el amor.

La soledad del dependiente, que él llama amor, proviene del hecho de sentirse vivo sólo cuando está junto a otra persona. Mientras que el amor nace de la abundancia de afecto, la soledad nace del miedo. En el caso del dependiente, se trata del temor a ser abandonado o despreciado, que puede manifestarse a través de los celos. La soledad también puede nacer de la necesidad de controlar, o de sentirse importante únicamente cuando se es responsable por otra persona.

La soledad del antidependiente, que él llama libertad o independencia, es su gran refugio, pues, como desde niño se enseñó a alejarse de los demás, sabe que amenazar con irse es su arma más eficaz para que el otro haga lo que él quiere.

En realidad, esos tipos de solitarios no viven el amor, sino formas de manipular a la otra persona. Y, como en toda manipulación, van estirando la cuerda hasta que se revienta. Una crisis viene detrás de la otra, y al final sólo les queda la sensación de que no son amados de verdad.

Viven, como Sísifo, una eterna tentativa de llevar la piedra a la cima de la montaña, sin lograrlo. La piedra rueda hacia abajo, la persona empieza de nuevo y se esfuerza hasta que la piedra vuelve a rodar.

También hay personas que se mantienen en la base de la montaña. El miedo de sufrir es tan grande, que organizan una vida aislada. No se arriesgan a amar, sólo lidian con los sueños, con la ilusión de que algún día llegarán a comprometerse en una relación profunda.

Por lo menos aquellos que suben y caen de la montaña llegan más cerca del verdadero amor. Pueden incluso sufrir más, pero logran saborear, aunque sea fugazmente, el placer de estar con otra persona.

Si usted quiere escalar con éxito la montaña del amor, evite culpar a los demás, encontrar disculpas y posponer las decisiones, porque la única manera de amar de verdad es aceptar que todo lo que ocurre en sus relaciones depende de usted.

Esa es la razón por la cual, incluso cambiando de pareja, ciertas personas tienen siempre las mismas dificultades. ¡El problema no está en su pareja! Usted es el elemento común de todas sus relaciones.

Para que las relaciones sean diferentes es fundamental que algo cambie en usted o en su manera de amar.

Lo mejor es dejar de resistirse, pues el amor es una fiera vengativa. Cuando una persona está enamorada y no deja que el amor fluya, este trata de llamar la atención hacia su existencia. Las tres “S” serán las primeras víctimas: sexo, sueño y salud. Una de las tres siempre sale perjudicada cuando el amor no se realiza. A veces la gente pretende engañarse y decir que su vida es magnífica, pero entonces aparece el amor para mostrarle que algo no anda bien, y le provoca insomnio, perturbaciones sexuales o somatizaciones.

Créalo: irrespetar el amor puede ser peligroso para la salud. Por lo tanto, tan importante como una dieta o el ejercicio para cuidar el corazón, es hacer también un programa intensivo de amor.

Shinyashiki Roberto, “No le tema a triunfar” Edit. Norma

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