Liderazgo Personal

Honra a tu padre o guarda el ataud

vejez

anciano rechazado

Un granjero se hizo tan viejo que ya no podía trabajar los campos, así que transcurría el día sentado en el pórtico. Su hijo aún trabajando la granja, levantaba la vista de cuando en cuando y veía a su padre sentado allí. «Ya no es útil» pensaba elijo para sí, «¡no hace nada!».

Un día el hijo se frustró tanto por esto que construyó un ataúd de madera, lo arrastró hasta el pórtico y le dijo a su padre que se metiera dentro.

Sin decir nada, el padre se metió. Después de cerrar la tapa, el hijo arrastró del ataúd al borde de la granja donde había un elevado acantilado. Mientras se acercaba a la pendiente, oyó un débil golpeteo en la tapa desde adentro del ataúd. Lo abrió. aún tendido allí, pacíficamente el padre miraba hacia arriba a su hijo. «Sé que usted va a lanzarme al acantilado, pero antes de que lo haga, «¿puedo sugerir algo?»¿qué? contesto el hijo.» Arrójeme desde el acantilado, si usted quiere», dijo el padre.» Pero guarde este buen ataúd de madera ya que sus hijos podrían necesitarlo».

¿Fuerte este relato, no es verdad? duele el corazón tan sólo al leerlo. Sin embargo, en la vida familiar se tiran demasiados «ataúdes» al océano.

Cuando los hijos desprecian las enseñanzas y ejemplos de sus padres. Hoy muchos jóvenes, en el afán de vivir sus propias vidas, toman autoridad sobre ellas olvidándose de ciertos valores y preceptos que recibieron, en el mejor de los casos, mientras fueron contenidos por sus padres o por quienes oficiaron de serlo.

La alegría de un padre es ver a sus hijos que creen en sabiduría, pero mucha tristeza genera el hijo rebelde, desagradecido y distante emocionalmente. Luego, la vida pondrá también a esos hijos en lugar de padres y algún día cosecharan también ellos lo que sembraron. Esa ley ¡nunca falla!

Fuente: Libro Una pausa en tu vida – Pablo Martini