Liderazgo Personal

INCONFORMES QUE SE QUEDAN

Desánimo, decaimiento, depresión. Ocurre cuando nos enfrentamos a situaciones aparentemente injustas. Ocurre al sope­sar ilusiones, sueños, aspiraciones que no se consumaron. Ocurre al ver la actitud egoísta y cerrada de ciertas personas allegadas. Algunos estadistas afirman que por dicha emoción siete de cada diez personas están pensando en cambiar el empleo este año y que el 80 por ciento de los matrimonios están considerando seriamente la separación definitiva. Miles de adolescentes se van de su casa diariamente convencidos de la frialdad, injusticia o autoritarismo de sus padres. La deserción escolar ha llegado a niveles alarman­tes porque los estudiantes, ante profesores prepotentes, aburridos o poco estimulantes, se dejan envolver por esa burbuja pegajosa y subyugante que se llama desaliento… Es el mal de nuestros días. La gente está harta de tal situación; está en el camino, pero sin muchos ánimos de seguir.

En la otra cara de la moneda, Podemos decir que no hay nada más denigrante para un ser humano que dejarse humillar, tolerando abusos en silencio. Muchas mujeres soportan golpes, insultos o infidelidades “por el bien del hogar y de sus hijos”. No hay actitud más absurda y tonta. La resignación en estos casos es sinónimo de cobardía. Una perso­na dejada inspira lástima; nadie la respeta porque ella no se respeta a sí misma. Hay millones de seres humanos en ese nivel, que se escudan con el lema de “prefiero no tener problemas” y se ven precisadas a vivir medrosamente con apatía y tristeza.

Ser inconforme es estar en un nivel más alto que ser un cobarde. Para decir “no estoy de acuerdo”, aunque sea desapareciendo o incitando a otros a protestar, se requiere un cierto grado de gallardía; sin embargo, es cierto que, en este segundo nivel, hay una gran canti­dad de gente, mucho mayor que en el nivel anterior, con la com­pulsión neurótica de maldecir todo. Andan de un lado a otro, nunca están a gusto, se la pasan quejándose, intrigando, propagando chismes e ideas negativas, se la pasan huyendo y regresando, traicionando a unos y a otros. Es un tipo de gente que se encuentra en todos lados, que saca el dinero del país cuando hay crisis, que busca aventuras amorosas cuando discute con su cónyuge, que cambia impulsivamente de empleo o de ciudad con tal de no seguir soportando las cosas que le desagradan. Son infantiles crónicos. Cuando tienen la sonaja por la que lloraban la dejan caer, olvi­dándose de ella, y lloran por la pelota. Ese es el mecanismo de la perdición. Creen que el patio del vecino es más verde, que su coche es más rápido, sus hijos más nobles, su trabajo mejor

Si usted se mueve en ese estrato, sepa que hay otro grado mayor al que debe aspirar. Ese tercer horizonte es característico de los próceres, de los grandes hombres de la humanidad, de la gente especial que trasciende, que deja huella. Me refiero a LOS INCONFORMES QUE SE QUEDAN. Muchos de los caudillos de la Independencia de todos los países pudieron, para no vivir inmersos entre tanta corrupción y dolor, irse a una tierra más tranquila, no fueron cobardes que toleraron la humillación, pero tampoco inconformes anónimos que hicieron daño escondidos entre los demás o que salieron huyendo para no ser afectados. Pensaban como los grandes: LOS INCONFORMES QUE SE QUEDAN… Personas que hacen historia, que son las piedras angulares de la humanidad. Ghandi estudió leyes y aunque pudo quedarse en Inglaterra a disfrutar la plácida vida aristocrática de los abogados prefirió volver a la India a exponer abiertamente sus inconformidades y a trabajar para su país? Quien alcanza este nivel es alguien que entrega su existencia a aquello que le pertenece… Entiéndalo, es muy claro: los grandes hombres no abandonan, se quedan haciendo uso de su talento para ayudar en la solución de los problemas que generan malestar.

Fuente (Adaptación): Cuauhtémoc S. Carlos – “La Ultima Oportunidad” Edit. Ediciones Selectas Diamante

Leave a Comment