Motivación

LA HISTORIA DE LAS DOS PIEDRAS

Piedra-blanca-entre-negrasEn un pequeño pueblo, había un granjero a quien no le alcanzaba la plata para devolver una gran cantidad de dinero que le había sido prestado. Como el granjero tenía una hija muy linda que despertaba las ansias del prestamista, éste último le propuso un trato:

Le dijo que le perdonaba su deuda si él le daba a su hija en matrimonio.

Tanto el granjero como su hija quedaron horrorizados con esta propuesta y la rechazaron.

Entonces el viejo prestamista varió un poco su propuesta sugiriendo que fuera el azar quien determinara si la propuesta iba o no iba, les dijo que colocaría una piedra blanca y una piedra negra dentro de una bolsa vacía.

La chica debía sacar una de las piedras sin ver cuál estaba sacando de la bolsa.

Si sacaba la negra, se casaría con el viejo prestamista y la deuda de su padre se consideraría pagada.

Si sacaba la piedra blanca, no tendría que casarse con el viejo y la deuda de su padre también en este caso quedaría perdonada.

Si ella rehusaba entrar en este juego, su padre sería inmediatamente enviado a la cárcel, la chica tuvo que aceptar para evitar que su padre fuera a la cárcel.

El viejo prestamista se agachó para recoger las dos piedras.

La chica, que tenía el ojo rápido, se dio cuenta de que había recogido dos piedras negras y las había puesto dentro de la bolsa.

A continuación, el viejo prestamista le pidió a la chica que tomara una de las piedras que estaban dentro de la bolsa. Todo había tenido lugar en un camino que estaba cubierto por muchas piedras blancas y negras.

Si uno analiza la situación, hay 3 posibilidades:

1 La chica podría negarse a sacar una piedra. Y su padre iría a la cárcel.

2 La chica podría sacar las dos piedras negras de la bolsa y demostrar así que el viejo había hecho trampa, pero de seguro su padre también iría a la cárcel.

3 La chica debería sacar la inevitable piedra negra y sacrificarse casándose con este viejo repulsivo para evitar la prisión de su padre.

El dilema de la chica parece que no puede resolverse.

Si acepta la propuesta, pierde inevitablemente su felicidad; pero si la rechaza denunciando la trampa, su padre va a la cárcel.

¿Qué habría hecho usted?

Esto es lo que la chica hizo:

Metió la mano en la bolsa y sacó una de las piedras, pero de inmediato la dejó caer al suelo sin que nadie hubiera tenido tiempo de verla, y se disculpó asustada.

La piedra se confundió con los cientos de piedras negras y blancas que había en el camino.

¡Ay, qué torpe soy!, exclamó la chica. ¿Cómo puede pasarme algo así?

Pero no importa, prosiguió, todo tiene solución.

Se puede saber cuál es la primera piedra que saqué, sacando la que queda en la bolsa. Porque si la que queda es blanca, habré sacado la negra y si la que queda es negra, habré sacado la blanca. ¿No es así?

El viejo se quedó aturdido ante las conclusiones de la mujer.

La chica le pidió al viejo prestamista que sacara la que quedaba, y por supuesto, era negra… Por consiguiente, la primera piedra que sacó la chica no podía ser sino blanca.

El viejo prestamista no se atrevió a confesar su trampa, tuvo que condonar la deuda y quedarse sin la chica.

Existe una solución para la mayor parte de los problemas complejos, pero no sabemos ver las cosas desde otros ángulos.

Autor: German de la Cruz Carrizales

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