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La preparación vence a la fuerza

el buen trabajador afila el hacha

Afilar el hachaEsta es una historia real que sucedió en Canadá durante el torneo anual de leñadores que tradicionalmente se disputa en algunos pueblos. En este evento se premia al leñador del año por su capacidad de cortar más árboles en un determinado tiempo.

En un bosque cercano se celebraba la gran final. El pueblo entero estaba a la expectativa y todos habían dejado a un lado sus actividades cotidianas para presenciar el certamen.

Los organizadores dieron la señal de partida y los dos leñadores empezaron con toda su fuerza y entusiasmo a ejecutar la labor de la mejor manera para llevarse el tan anhelado titulo.

Ambos avanzaban entregando lo mejor de cada uno, pero también muy atentos a lo que su contrincante hacía. Uno de ellos frecuentemente dejaba su actividad por un momento y se sentaba, lo que a su oponente lo hacía sentir como el ganador anticipado del certamen.

Cada que el leñador suspendía la actividad su contrincante se llenaba de confianza y aunque veía disminuido su rendimiento a medida que pasaban las horas del día, se sentía muy seguro de que iba a ganar, ya que había hecho su labor sin detenerse.

Caída la tarde los organizadores anunciaron el final de la competencia y se dispusieron a contar la cantidad de árboles cortados por cada uno de los leñadores para determinar quién era el ganador.

Para el obrero que había trabajado sin parar el triunfo era suyo y levantaba sus brazos en señal de victoria aun sin que hubieran dado los resultados finales. Una parte del público lo ovacionaba convencidos que su resistencia le había dado el triunfo.

Después que los organizadores contaron anunciaron primero el resultado del leñador que no había desfallecido ni un solo momento, y anunciaron el resultado: ¡treinta y dos!

El público se manifestó con prolongados aplausos y algunos consideraban que ya no era necesario contar los resultados del oponente.

Aun así. siguieron con la cuenta de los resultados del leñador que en varias ocasiones había suspendido su actividad.

El narrador poniendo un poco de suspenso decía los números lentamente: “veintiocho, veintinueve, treinta, treinta y uno, treinta y dos, treinta y tres. ¡Tenemos un nuevo ganador! Y anuncio el nombre del leñador que se había caracterizado por tener varias pausas en su labor.

El primer leñador no ocultó su enfado, no creía posible que su oponente hubiera logrado un mejor resultado, pues él había puesto todo su esfuerzo en la competencia y sin descansar. Entonces el narrador sorprendido, después de haber confirmado los resultados se dirigió al ganador y le preguntó: ¿Qué hacías cuando salías y te sentabas? A lo que el leñador contestó: ¡Afilar el hacha!

De nada sirven los esfuerzos sin sentido. Siempre es necesario prepararte para que puedas hacer tu labor con excelencia, el mejor trabajador no es el que siempre esta ejecutando su labor sin parar, sino el que sabe que preparándose será más eficiente en lo que hace.

Esta filosofía de “trabaja sin descansar” es ampliamente difundida e instaurada por jefes que carecen de liderazgo y que consideran que cada vez que dirigen la mirada a sus colaboradores, deben estar exhaustos y “haciendo algo”, así el resultado final sea de mala calidad.

Para estos jefes capacitar a su personal ni siquiera lo contemplan en sus planes porque lo consideran una pérdida de tiempo prefieren seguir haciendo las cosas “como siempre se han hecho” así no obtengan los mejores resultados.

Es tiempo de que afiles tu hacha, prepárate para obtener más resultados con igual o menor esfuerzo y si tienes a tu cargo la dirección de personas promueve e impulsa labores de capacitación que incrementen la calidad laboral y el desempeño.


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