Motivación

LOS REGALOS SEPULTAN AL REGALO

Cuenta una anécdota de una familia europea, que en cierta ocasión los familiares se reunieron para celebrar el bautismo de una pequeña criatura en la sala de una enorme mansión.

Uno tras otro los invitados iban llegando y la empleada les recibía en la puerta y llevaba sus abrigos a la sala superior. La noche estaba muy fría. Cuando todos hubieron llegado y ya todo estaba listo. La madre indicó a la nodriza que trajera el niño. Fue grande la agitación cuando la muchacha bajó desesperadamente las escaleras llorando porque el niño no aparecía. En medio de la conmoción generalizada en aquella mansión, uno de los presentes recordó haber visto al niño en la misma cama donde la empleada había colocado los abrigos de los invitados. Corrieron al piso superior y allí, sepultado bajo la ropa estaba el niño algo asfixiado, pero vivo. Era irónico, el principal objeto de la fiesta había sido olvidado, ignorado y por poco destruido. Y… ¿No hacemos exactamente lo mismo nosotros al celebrar la Navidad? Cada año debemos preguntarnos: ¿Y dónde está el niño que nació en Belén hace ya más de 2000 años? Compra de regalos, decoraciones, villancicos, y arbolitos con luces de colores… ¿Es eso verdaderamente la navidad? ¿En qué lugar hemos puesto a aquel Jesús que vino a visitar nuestro mundo para decirnos cuanto nos amaba? En esta sociedad materialista en la que vivimos, nuestras “cosas” amontonadas van tapando a Dios y a su hijo. Y nos olvidamos de Él vez tras vez. Quizá sea tiempo de hacer una pausa y preguntarnos otra vez como resonara por aquella campiña de Belén “¿Dónde está el niño que ha nacido?” Remover tanto materialismo, dejar de festejar y empezar a celebrar la verdadera Navidad. Recordando que la atención no se debe centrar en los regalos sino en “el” regalo recibido directamente del cielo, y que no merecíamos: El hijo de Dios, Cristo Jesús y su vida eterna para disfrutar por siempre.

Fuente: Martini Pablo “Una Pausa en Tu Vida” – Edit. CLC.

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