Relaciones Interpersonales

¿MENDIGO O COMERCIANTE?

Se dice que un banquero tenía por costumbre arrojar una moneda en el tazón del mendigo sin pierna que permanecía sentado en la calle, a la puerta de un banco. Pero, a diferencia de casi todas las demás personas, el banquero insistía siempre en que el pobre le diera uno de los lápices que tenía. «Es usted un comerciante —le decía el banquero—, y yo siempre espero recibir buena mercancía de los comerciantes con quienes mantengo relaciones comerciales.

Un día, la encorvada figura ya no estuvo en la acera. Pasó el tiempo y el banquero se olvidó del mendigo, hasta que pasado el tiempo entró en un edificio público y vio al antiguo mendigo en un mostrador de venta autónoma.

—Siempre esperaba verle a usted por aquí algún día —le dijo el tendero.- En buena parte, el responsable ­de que yo esté aquí es usted. Siempre me decía que era un «comerciante». Y yo empecé a considerarme como tal, en lugar de un mendigo que recibía limosnas. Empecé a vender lápices… cantidades de ellos. Usted me infundió respeto por mí mismo e hizo que me viera de una manera distinta.

Cómo ve usted a los demás? ¿Los contempla desde un punto de vista crítico y se deja turbar por los defectos, las flaquezas y los rasgos de que carecen? ¿O ve usted la bondad y las buenas cualidades en las personas?

¿Percibe usted en los que le rodean al mendigo, o al comerciante?

Fuente: Conklin Robert “Cómo hacer que la gente haga cosas” Ediciones Grijalbo

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