Espiritualidad

MISERICORDIA Y NO SACRIFICIOS

Por estos días de Semana Santa nos encontramos con las más variadas manifestaciones de “Fe” que se han enraizado en nuestras culturas; Para algunos es la ocasión de “ponerse al día” con Dios, para otros es una oportunidad de llevar al limite su creencia por medio de expresiones diversas como la abstinencia en algunos alimentos (o en todos), la peregrinación a lugares de adoración, y hasta la laceración del cuerpo en imitación de los padecimientos de Jesús el Cristo. Estas expresiones en su mayoría buscan entregar un sacrifico a Dios, ya sea restringiéndose en algo o afectando el cuerpo, con el fin de que tal sacrificio sea agradable al Señor.

Lo curioso es que muchas personas, pasada la semana mayor siguen viviendo sus vidas sin generar ningún cambio, aun cuando se “sacrificaron” durante una semana (para algunos mucho tiempo); la errada convicción de que se puede ganar la aceptación de Dios por medio de sacrificios, hace que algunos centren su devoción en estas prácticas, muy respetables, pero que para nada concuerdan con lo que Jesús enseñó. Mi comentario no es para señalar a los que realizan tales prácticas, sino para todos aquellos que haciéndolas o no, se olvidan que para Dios hay valores relevantes que no se suplen solo con llevar a tu cuerpo al límite o lleno de heridas por el ritual de la flagelación corporal.

Cuando a Jesús lo criticaron por comer con sus discípulos de las espigas del campo en día de reposo, les dijo a los fariseos “Si supieran lo que significa: Misericordia quiero y no sacrificios

Y ¿qué es la misericordia? Es la disposición de compadecerse de los demás, así pues podemos decir que lo que Dios valora, no solo en estas fechas sino siempre, es que podamos relacionarnos y dar amor a los demás; De que te sirve hacer cantidad de sacrificios si tienes algo en contra de la gente que te rodea en tu trabajo, en tu barrio o en tu familia.

Debemos entender que Jesús no se sacrificó, ¡se entregó! y ahí hay una gran diferencia: el sacrificio está relacionado con el dolor y el lamento, en cambio la entrega es la capacidad de asumir el dolor de manera agradable y voluntaria, esa entrega en nosotros hoy puede ser manifestada al pedir perdón o perdonar, al ayudar a esa persona que necesita de nosotros o al buscar relacionarte mejor con esa persona que te cae mal; Para algunos esto es todo un sacrificio, más que flagelar su cuerpo.

Entonces, Procuremos más misericordia: entrega hacia los demás, que sacrificios corporales.

JWC

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