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MOBBING – EL BULLYING EN LAS EMPRESAS

En las razones de la desmotivación en las empresas ha entrado en juego una tendencia laboral llamada mobbing, o mejor, el acoso psicológico. Una de sus definiciones señala que se trata de “toda conducta no deseada” que atenta contra la dignidad de una persona y crea “un entorno intimidatorio, humillante u ofensivo” en el trabajo.

Es precisamente en el lugar de trabajo donde reside la verdadera dimensión del acoso moral laboral, el cual tiene alcances desde el punto de vista sociológico y psicológico, pero también jurídico. La falsa creencia de que la agresivi­dad y la violencia (y no el derecho) resuelven los problemas, hace que los más fuertes y poderosos utilicen el acoso moral para imponer sus criterios.

Las acciones de acoso típicas son: intimidar, amedren­tar y agotar emocional e intelectualmente a la víctima me­diante la provocación de peleas verbales, rumores, denuncias o trampas que pongan en tela de juicio la honestidad, la ética y la profesionalidad de la víctima, y que la hagan aparecer ante los demás como un peligro para la buena marcha de la empresa.

Lo que distingue al mobbing es la forma repetida, in­tencional y consciente que daña a la otra persona. Aparte de que con el acoso podrían presentarse agresiones físicas, como también alteraciones de orden psicosomático: cefa­leas, lumbalgias, gastritis, hipertensión arterial y alteraciones de la memoria causadas por el déficit de atención, el insom­nio o la ansiedad.

Como se trata de una estrategia premeditada con el pro­pósito de anular a su víctima, el acoso moral en los grupos de trabajo es una verdadera tortura psicológica. Este tipo de acoso colectivo suele aparecer en algunas oficinas públicas donde obligan a los empleados a participar como cómplices silenciosos de las transgresiones, con visos de carteles delincuenciales que hacen amenazas latentes o reales sobre los neutrales. El miedo a perder el empleo es la base de este problema.

El ordenamiento jurídico se ha ocupado en definir el concepto de acoso, el cual ha sido desarrollado más en los países europeos, sobre todo en España. Ya existen resolucio­nes del Parlamento Europeo sobre el acoso moral en el lugar de trabajo, donde se advierte, además, sobre el peligro de que las falsas acusaciones de acoso moral puedan transfor­marse en un temible instrumento de venganza laboral. El papel de los expertos, dice esta norma, debe consistir en des­cartar la simulación, el delirio y la existencia de trastornos en la percepción de la realidad, quedando la carga de la prueba en la acreditación de la existencia reiterada de con­ductas reales y no simuladas de acoso y estrés.

Existe otra modalidad de acoso moral en las instituciones educativas, el cual afecta la motivación de los alumnos. Cuando se habla de bullying se alude a casos específicos, como el de un estudiante que se rehúsa ir al colegio sin motivo aparente y finge todo tipo de dolencias que justifiquen ante sus padres la no asistencia, antes que confesar que es víctima de un hostigamiento por parte de compañeros que le hacen la vida imposible. Literalmente, en inglés bully significa matón o bravucón.

Fuente: Lopera Jaime y Bernal Marta Inés – Y ¿De quién es la culpa? – Intermedio Editores.

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