Motivación

¿QUIÉN LE PONE EL CASCABEL AL GATO?

Un hábil gato hacía tal matanza de ratones, que apenas veía uno, era cena servida. Los pocos que quedaban, sin valor para salir de su agujero, se conformaban con su hambre. Para ellos, ese no era un gato, era un diablo carnicero. Una noche en que el gato partió a los tejados en busca de su amor, los ratones hicieron una junta sobre su problema más urgente.

Desde el principio, el ratón más anciano, sabio y prudente, sostuvo que de alguna manera, tarde o temprano, había que idear un medio de modo que siempre avisara la presencia del gato y pudieran ellos esconderse a tiempo. Efectivamente, ese era el remedio y no había otro. Todos fueron de la misma opinión, y nada les pareció más indicado.

Uno de los asistentes propuso ponerle un cascabel al cuello del gato, lo que les entusiasmó muchísimo y decían sería una excelente solución. Sólo se presentó una dificultad: quién le ponía el cascabel al gato.
— ¡Yo no, no soy tonto, no voy!

— ¡Ah, yo no sé cómo hacerlo!

En fin, terminó la reunión sin adoptar ningún acuerdo.

Fabula de Esopo

Situaciones como la que se describe en esta fabula son muy comunes; Ante un problema hay personas que son expertas para debatir en grupos y dar ideas, pero cuando las soluciones requieren de un mayor esfuerzo son pocos los que se atreven a ir mas allá de las propuestas, también pasa a nivel personal, es común encontrarse con individuos que viven manifestando ideas y propuestas para cambiar su vida, pero solo se quedan en buenas intenciones ya que no son capaces de dar el siguiente paso y “ponerle el cascabel al gato” de pasar de la proposición a la acción.

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