Motivación

¿SIGUES SIENDO ESCLAVO?

La falta de perdón, es decir, el rencor, es una de las cadenas más difíciles de romper. No hay victoria mayor que la de llegar al punto de perdonar genuinamente a aquella persona que nos ha lastimado y marcado de por vida. Aquella persona que se niega a perdonar vive encadenada al odio amargo creyendo que, negando el perdón, castiga al ofensor, ignorando que en realidad se lastima a sí mismo.

Dos soldados americanos prisioneros de los alemanes durante la Segunda Guerra, fueron liberados al finalizar los enfrentamientos. El tiempo compartido en el martirio y el horror de la prisión, fundió sus almas de una forma especial. Pero liberados, cada uno continuó con su vida. Se separaron y no volvieron a verse, sino hasta después de 20 años.

Uno de ellos consiguió un empleo y, con una pensión del gobierno americano para excombatientes, pudo rehacer su vida, formar una familia hermosa y prosperar económicamente, venciendo los horrorosos recuerdos de su prisión. Pero no podía olvidar a su amigo, con quien había compartido la celda oscura, el hambre y la humillación. Decidió encontrarlo. Lo buscó usando todos los medios de rastreo de personas a su disposición hasta hallarlo. Su amigo vivía recluido en una cueva. Sólo, en un páramo. Cuando llegó, no podía creer lo que veía. Ante sus ojos estaba la miseria personificada. Sucio, mal oliente, con el cabello y barba descuidados, y los ojos perdidos. Un rostro tenso dibujaba el rencor y el odio, pero no pudo evitar fundirse en un abrazo con su amigo de prisión.”¿Qué te pasó? ¿Por qué vives aquí en este estado? ¿Qué te han hecho?” “¿Cómo que: qué me han hecho? ¿¡Qué nos han hecho!? ¿O ya lo olvidaste? ¿Ya olvidaste toda la humillación que nos hicieron vivir los alemanes?” Fue la respuesta airada del ermitaño compañero. “Pero eso fue hace ya veinte años. Yo ya lo superé, ya los perdoné.” “Pues yo, no”, respondió. “Ni los pienso perdonar nunca.” “entonces”, dijo su amigo mientras se alejaba, “si aún no has perdonado a los alemanes, sigues siendo prisionero de ellos”.

Fuente: Martini Pablo – Una Pausa en tu Vida – Edit. CLC

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