Relaciones Interpersonales

SÍNDROME DE MACHU PICCHU

Hace unos días me encontré caminando por la calle a una persona que no había visto durante mucho tiempo, nos pusimos a conversar y entre lo mucho que hablamos me contó que había estado en Perú y que había visitado la mítica ciudad de Machu Picchu, le pregunté qué tal era y me contestó “No te lo recomiendo, eso está en puras ruinas” obviamente era un apunte para condimentar con humor el momento.

Sin embargo tal comentario me dejó pensando que seguramente habrá gente que visita esos y otros lugares  y no le encuentran ningún interés porque se enfocan en lo que externamente observan, sin profundizar en el significado que tienen estos sitios a nivel histórico arquitectónico y cultural, no se dan cuenta que lo más importante no es lo que se alcanza a notar externamente sino lo que hay detrás de las “ruinas”, que lo verdaderamente importante no es lo que se ve sino lo que permanece oculto hasta cuando alguien se refiere al lugar y resalta las maravillas ocultas.

Esto también me llevo a pensar que en las relaciones interpersonales a menudo nos encontramos con personas que sufren de lo que he denominado “Síndrome de Machu Picchu”; son aquellas personas que se han especializado en valorar al prójimo de acuerdo a su ornamento externo y no solo me refiero a como visten, sino también a como hablan, como se sientan, como saludan, como se ríen, como caminan, etc.

Es más fácil juzgar a los demás por lo que vemos que indagar en el ser interno, a veces una simple conversación nos revela mucho sobre la realidad que vive la persona y cuando nos damos a la tarea de conocer a los demás descubrimos que hay mucho más detrás de esas “ruinas” que se nos presentan.

En días pasados reafirme este concepto al vivenciar la experiencia de estar preso siendo inocente, cuando llegué al centro de detención me encontré a primera vista con rostros de maldad, al entrar sentí temor de mirar a la cara a estas personas, entonces di la espalda y me aferré a una reja en la entrada, inmediatamente varios de los reclusos se me acercaron y mi temor aumentaba, dos de ellos se hicieron a mi lado, yo presentía lo peor, uno de ellos me dijo con voz pausada “tranquilo aquí no le va a pasar nada” lo miré y luego de unos minutos estábamos conversando como si fuéramos amigos de hace mucho tiempo, entré en confianza y comencé a ver a estas personas de manera diferente, unos minutos después estaba jugando fútbol con algunos de ellos; Conocí muchas historias, conocí gente con mucho talento que no lo han sabido aprovechar, gente que al ser descalificados por los demás decidieron tomar el camino del mal, pero que están en capacidad de hacer bien, personas que muestran una cara externamente pero que guardan historias admirables, aunque también me encontré con gente que no está dispuesta a cambiar y se sienten orgullosos del mal que infringen; Curiosamente yo estaba en ese lugar por los actos malos de gente que externamente parecía buena y entregué mi confianza solo por lo que percibí, los que vestían de traje y corbata y hablaban muy elegantemente, me llegaron a agredir de una manera brutal.

Ahora con mayor razón me convenzo que lo más importante de una persona no es lo que alcanzo a ver, que lo que se oculta es lo que verdaderamente vale en las personas y que no me debo dejar llevar por el “Síndrome de Machu Picchu” ya que detrás de cada “ruina” se esconden valores, talentos, historias que vale la pena conocer.

Y tú? ¿Sufres del “Síndrome de Machu Picchu”?

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