Inteligencia emocional

Tus interpretaciones determinan tus resultados

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Esta historia es un claro ejemplo de lo que sucede con las interpretaciones que le damos a las situaciones que nos suceden.

La profesora hace una pregunta a la clase:

  • Carlos levanta la mano para responder, pero la profesora no lo elige a él. Carlos se siente muy enojado y deja caer su libro en el escritorio con un gesto de rabia.
  • María también levanta su mano para responder, pero ella tampoco es la elegida por la profesora. María se siente triste y desganada. Las lágrimas comienzan a correr por sus ojos.
  • Javier es otro de los alumnos que levanta su mano para contestar a la pregunta de la profesora, pero tampoco es elegido para contestar. Javier se siente desilusionado. El toma su libro de texto y continúa leyendo su tarea.
  • Marisa tiene ganas de contestar porque se sabe la respuesta, pero no se atreve a levantar la mano. Ella se queda quieta en su asiento mirando hacia abajo.

En estos ejemplos la situación es la misma para todos estudiantes, pero cada uno ha reaccionado de una forma diferente.

Porque cada uno de los alumnos interpreta la situación de una forma diferente. Cada uno piensa y se dice a sí mismo algo diferente, que los lleva a sentir y actuar según ese pensamiento que se dice cada uno.

  • Carlos piensa y se dice a si mismo “la profesora me está castigando por algo que yo no hice” o “está tratando de avergonzarme enfrente de la clase”. Imagínate en el lugar de Carlos, ¿cómo te dirías a ti mismo lo que él piensa? Seguramente estarías enojado/a también.
  • María a su vez se estará diciendo, “Soy demasiado tonta para dar una buena respuesta” o “me está ignorando porque no le caigo bien”. Es lógico que si piensa eso se sienta triste, ¿no?
  • Marisa a su vez se estará diciendo, “soy incapaz de responder adecuadamente, entonces es mejor ni intentarlo” o “soy fea y ridícula, todos se reirán de mi cuando empiece a hablar, mejor no levanto la mano”.

¿Y por qué Javier reaccionó tranquilamente ante la misma situación? Porque seguramente pensó: “la profesora no puede nombrar a todos los chicos que quieran contestar”, o “ya he respondido muchas veces y ahora le dará la posibilidad a otro.” Esta interpretación del hecho ayudó a Javier a estar tranquilo y seguir haciendo la tarea con sensaciones más positivas para él y adecuadas a la situación.

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Ahora por un momento pensemos que lo que piensa alguno de estos alumnos fuera cierto y la profesora no lo elige para contestar porque no le cae bien; aún así, pensar como lo hace Javier puede serle de utilidad. Podría por ejemplo pensar: “Quisiera poderle caer bien a la profesora, pero no le puedo caer bien a todo el mundo”. Podría decirse, “Esto me ayudará para reaccionar adecuadamente en otras situaciones en las que puedo no caerle bien a las personas”.

Javier obtiene la ventaja de no alterarse emocionalmente, no sentirse mal ni abrumado y además puede sacarle un beneficio a la situación que lo ayudará en otras situaciones similares. Además, al sentirse calmado puede continuar haciendo su tarea sin la interferencia de sus emociones y pensamientos negativos, por lo que seguramente logre obtener un mejor resultado.

Ante cualquier situación, tienes la libertad de decidir la interpretación que le das y por consiguiente las emociones que te acompañarán

Fuente: https://www.sabiamente.es

Foto de Mikhail Nilov: https://www.pexels.com/es-es/foto/gente-sentado-colegio-mesa-8923072/